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Madrid / principios de los 80

TORREJÓN
DE ARDOZ

La presencia de la base aérea estadounidense de Torrejón convirtió la zona en uno de los primeros puntos de contacto con una cultura que aquí todavía sonaba a ciencia ficción: hip hop, breakdance, funk, electro y rap americano.

Antes de que el rap tuviera una escena propia en España, ya había algo moviéndose en Torrejón de Ardoz.

La presencia de la base aérea estadounidense convirtió la zona en un punto de entrada inesperado para sonidos, estilos y referencias que aquí todavía eran prácticamente desconocidos. Funk, electro, breakdance y las primeras cintas de rap cruzaban el Atlántico en maletas, coches, radios y casetes.

Los militares norteamericanos que vivían alrededor de la base traían consigo música, ropa y una cultura que no aparecía en los medios españoles. Parte de ese material empezó a circular entre jóvenes de Torrejón y Madrid, pasando de mano en mano y mezclándose con lo que ya sonaba en barrios, discotecas y plazas.

TORREJÓN AIR BASE — 1983
U.S. Air Force / Torrejón de Ardoz
Archivo Ghetto Sésamo Nº 001

A principios de los 80 todavía no existía una industria del hip hop en España. No había plataformas, videoclips constantes ni acceso inmediato a lo que ocurría en Nueva York o Los Ángeles. Descubrir una canción nueva podía significar conseguir una cinta grabada por alguien que conocía a alguien.

Y esa escasez hacía que todo tuviera más valor.

Poco a poco empezaron a aparecer grupos de chavales bailando breakdance, copiando movimientos vistos en películas o cintas de vídeo, buscando discos importados y adaptando aquella estética a su propia realidad.

TORREJÓN AIR BASE — 1983
U.S. Air Force / Torrejón de Ardoz
Archivo Ghetto Sésamo Nº 001

Lo que llegaba desde Estados Unidos no se imitaba sin más. Se reinterpretaba desde aquí.

Desde bloques, parques y barrios del extrarradio.

Torrejón se convirtió así en uno de esos lugares donde empezó a construirse una cultura que años después tendría sus propios grupos, sus propios códigos y su propia voz.

No había redes.
No había Spotify.
No había hype.

Había cintas grabadas, radiocasetes, parques, zapatillas gastadas y curiosidad.

Esta camiseta nace de ahí.